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“No es natural que un padre tenga que enterrar a su hijo”, víctima de cáncer

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Por Antonella Ladino

Cuernavaca, Mor., 21 de julio.-  Disfrutaba una charla con su novia cuando de pronto ella cuestionó el borde que se asomaba por su hombro derecho y aunque mostró preocupación se quedó sin palabras. Al día siguiente visitó a un médico general que le diagnosticó un tumor y le sugirió visitar a un oncólogo. Era la primera ocasión que escuchaba esa palabra.

Lo primero que imaginó es que podría ser una enfermedad peligrosa, pero no sospechó que sería cáncer. Entonces entendió que debía compartir esta situación con su familia. Gerardo Liceaga Artega tenía apenas 27 años e iniciaba como comentarista deportivo en una de las televisoras mexicanas de mayor audiencia. Entre sus metas profesionales destacaba entrevistar a grandes personalidades como al exjugador de baloncesto Michael Jordan, al futbolista portugués Cristiano Ronaldo y al exfutbolista argentino Armando Maradona. Un sueño que más tarde hizo realidad.

Pero cuando fue diagnosticado con cáncer cayó en depresión a pesar del apoyo que recibió de la gente que tuvo a su alrededor; su estado de ánimo fue cada vez más deprimente pues el aviso que le dieron es que le quedaban tres meses de vida. “Cómo un joven a mi edad puede tener cáncer”, cuestionó entre lágrimas.

Gerardo Liceaga compartió su experiencia en el Encuentro Nacional de Donadores con experiencia en el tema cáncer, que se realizó en el Museo de la Ciudad de Cuernavaca, cuyo objetivo fue conocer medidas de prevención del cáncer.

En ese evento contó que ese cuerpo robusto de un hombre, que por casi 20 años estuvo en las canchas del futbol americano, pronto se fue “apachurrando”; su cabello cada día era menor, su rostro perdió esa alegría y también olvidó esa buena vibra que transmitía a sus familiares y amigos.

Gerardo Liceaga, es el séptimo de sus hermanos y recordó aquella noche en la que escuchó a su padre llorar mientras repetía constantemente: “no es natural que un padre tenga que enterrar a su hijo”, esas palabras animaron a Gerardo para luchar y vencer al cáncer.

Al día siguiente colocó una fotografía en tamaño real que le obsequiaron sus compañeros de trabajo unos días antes, y ahí frente a su reflejo dijo “el que se ve al espejo no es Gerardo pero el que está en la fotografía sí es Gerardo”, y entonces prometió vencer a la enfermedad silenciosa: el cáncer.

Aseguró que si se trata a tiempo tiene cura pero el mejor remedio es el estado de ánimo y el valor que tiene cada uno para enfrentar los obstáculos que la vida pone en frente. “Estar sano, tranquilo y en paz, con esas tres cosas todos podemos construir una buena historia de nuestra vida”, expresó.

Agregó que el cáncer no es sinónimo de muerte, tiene una cura y la decisión está en cada uno, en cómo enfrenta esta situación y la cara que le pone a la vida, porque la sensación que tuvo cuando supo que tenía tres meses de vida, fue la peor, pero gracias al apoyo de la gente que lo rodeó, Gerardo ahora disfruta de una nueva vida.

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