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Mary Phelps, la madre del brasier que sepultó el corsé

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Por de10.com.mx

Actualmente podemos encontrar diversos tipos de brasieres en las tiendas. Infinidad de colores, cortes, con push up y hasta los más extravagantes que son fabricados con piedras preciosas, o el que inventaron los japoneses, que sólo se abre si te encuentras frente al amor verdadero.

Aunque su uso ya es de lo más habitual, te has preguntado alguna vez ¿de dónde viene esta prenda íntima femenina?

Pues la historia que marco el destino de las mujeres, fue protagonizada por Mary Phelps Jacob. Cuando ella nació, en abril de 1981, cerca de Nueva York, en Estados Unidos, unos inventores alemanes ya habían creado un “sujeta-seno sin parte inferior”, pero la mayoría de las mujeres usaban lo mismo desde hace siglos: el corsé.

Ella era una joven que formaba parte de una familia acomodada. Era una chica diferente, pues si algo no le gustaba buscaba una alternativa. Y sí, ella tenía problemas con el incómodo corsé, el cual no la dejaba caminar ni respirar bien.

Hay dos historias sobre la forma en la que resolvió esta situación: una de ellas menciona que cortó esa molesta prenda y sólo dejó la parte de arriba, a la que luego le unió unos tirantes. La segunda versión es que junto a su sirvienta, cosió dos pañuelos de seda con unas cintas para cubrir sus pechos.

Mary se sintió tan cómoda que pronto le contó a sus amigas sobre su invento y ellas se animaron a conocer esta prenda.

Aunque antes ya habían surgido ideas parecidas, la de Phelps fue la primera que se patentó. El 11 de febrero de 1914, Mary solicitó la patente del “Backless Brassiere” (corsé sin la parte trasera), la cual le otorgaron posteriormente.

Seis años después, en 1920, Mary se casó y comenzó a ser conocida bajo el nombre de Caresse Crosby. Abrió una empresa llamada Fashion Form Brassiere Company, la cual no tuvo grandes ganancias. Al ver que su negocio no era fructífero tomó la decisión de vender la patente del sujetador a Warner Brothers Corset Company, por un monto de 1,500 dólares.

Warner tenía toda la infraestructura y comenzó a fabricar brasieres de forma industrial; junto con la revolución de Coco Chanel en Europa, destronaron al corsé y lo sacaron de circulación.

Lo malo de esto es que al principio solo existía una talla, hasta que a alguien se le ocurrió que sería bueno tomar en cuenta las medidas del contorno y el volumen de los pechos.

Cuando Warner descubrió que se trataba de un negocio rentable, sacó un nuevo modelo que levantaba el busto, o sea, ya no se aplastaba, si no que era más sugerente, por lo que algunas mujeres quedaron encantadas.

A pesar de las restricciones machistas de la época en la que vivió, Mary rompió paradigmas y se convirtió en una empresaria independiente y escritora feminista.

 

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