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Aleida, carga con la desgracia del sismo

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Por Leticia Villaseñor

La casa de dos plantas de Aleida Romero Sánchez se vino abajo durante el temblor del 19 de septiembre del año pasado. Ubicada en la llamada zona cero, en la colonia Emiliano Zapata de Jojutla, donde varios años atrás el sitio era zona de cultivo de arroz.

 

El suelo quedó fangoso y según los estudios que Aleida hizo de manera particular, la zona debe considerarse como inhabitable o construir con cimientos metro y medio de profundidad.

Pero esto era desconocido cuando ocurrió el terremoto de 7.1 grados o bien fue ignorado y la colonia popular creció desde unas cinco décadas atrás.

 

Cuando la casa de Aleida cayó, su madre Consuelo y su hija Amor de sólo dos años estaban dentro y murieron bajo los escombros.

La madre soltera se avocó a ayudar a sus vecinos para no pensar ni sentir dolor o la soledad en la que quedó. Llegó a Jojutla cuando ella y su hermana eran unas niñas, sólo con su madre.

Aleida recuerda que el papeleo de los funerales “fue un infierno”, así como para obtener las actas de defunción. Luego vinieron los rosarios por nueve días, costumbre religiosa muy arraigada entre la familia.

Luego vino la realidad. Dónde iba a vivir. Su historia llegó hasta Operación Bendición México que le donó una casa que amuebló con algunos muebles que recuperó de su casa y varios más que le donaron amigos cercanos.

Pero la casa era de bloques, el piso de barro se cuarteó por lo que optó por llamar a la organización que luego de hacer una revisión tuvo que derrumbar la casa por el daño que presentaba.

A decir de Aleida, fue el ayuntamiento de Jojutla el que dio el permiso para construir porque les dijeron que el piso era seguro para edificar.

Tras el derribo de la casa recién hecha, mandó hacer un estudio de mecánica de suelos con el dinero que le dio el fondo de Desastres Naturales (Fonden) luego hizo un proyecto estructural e inició con la construcción de su casa, que será solo de una planta, con dos recámaras, sala, comedor, cocina, estancia y un baño con un pequeño patio. En conjunto, eso costó 55 mil pesos. Con lo que sobró compró dos toneladas de varilla.

En eso se acabó el recurso de los 150 mil pesos del Fonden.

La casa de la mujer apenas lleva un 30% de avance, y ha invertido de su propia bolsa unos 150 mil pesos, pidió préstamos en cajas de ahorro, en su trabajo, con una financiera y el último recurso lo obtuvo por el empeño de su automóvil pues debe conseguir 6 mil pesos semanales para el pago de la mano de obra.

En febrero pasado, la damnificada solicitó ayuda a los senadores y exdiputadas locales, ninguno respondió. Acudió entonces a los alcaldes de Jojutla, Alfonso de Jesús Sotelo, Zacatepec Francisco Salinas y Tlaquiltenango Enrique Alonso, sólo esta autoridad quiso ayudarla de manera económica.

También el exdiputado local y alcalde electo de Jojutla Juan Ángel Flores contribuyó a su causa al darle 75 varillas.

“Toqué puertas sin éxito, la gente piensa que me han dado mucho pero no, pedí préstamos para no mendigar ayuda, después de un año ni siquiera me han respondido con un no y me di cuenta que nadie vendrá a ayudarme. Las autoridades nos dejaron solos desde el principio”, expresó entre lágrimas.

Una congregación cristiana les regaló a varios vecinos 10 bultos de cemento que se los robaron de la casa de lona que tenía, también se robaron la herramienta de los albañiles, también rescató herrería de la casa anterior para reusarla y minimizar gastos y también se la robaron.

Aleida relató que envió un escrito al gobernador Graco Ramírez en el que explicó su caso, la remitió con el organismo descentralizado Unidos por Morelos pero al haber sido beneficiada por el Fonden le dijeron que no era viable que recibiera más ayuda, porque es una regla “irrevocable”.

La Fundación Esperanza tomó su caso, le dio un poco de material, hizo el proyecto, pero fue ella quien compró el 90% del tabique y el 100% de la mano de obra.

Reconoció que no es obligación de nadie apoyar a los damnificados pero hay tanta gente que puede hacerlo, por lo que pidió a los grandes empresario “que donen de corazón, no solo por mí, hay muchos vecinos que viven aún en casas de lona, que fueron defraudados por fundaciones o que no fueron considerados ni por la autoridad federal ni la estatal, pero no lo manden a fundaciones porque la ayuda se pierde, hagan un censo y conozcan las necesidades reales”.

En tanto termina su casa, al menos un cuarto y un baño, la damnificada vive en casa de unos “tíos”, viejos amigos de su madre con quienes les unió un compadrazgo.

A pesar de que la familia la acogió de buena gana en su casa, ella busca su propio espacio aunque admite que no está preparada para vivir sola.

“No quiero que llegue el día 19, ya es un año de estar sola, un año de evadirme, Dios me da fuerza para estar aquí. Hace un par de meses me pegó la realidad. Vivía las fiestas patronales con mi niña y con mi mamá. Soy de una familia muy católica y quiero hacerle su novenario pero la cruz no se puede quedar sola, no hay quien se quede a cuidar la cruz, no quiero solo una misa”, expresó.

Aleida se enjuga las lágrimas y confiesa que dejó la terapia para afrontar la muerte de sus seres queridos. No sé se he llevado su muerte bien o mal, comentó, sólo sé que no quiero sufrir pero no puedo admitir la realidad de no verlas… No se fueron de vacaciones, me digo, esta es tu nueva vida y no quiero aceptarla…

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