Home»Inicio»‘Bohemian Rhapsody’ sólo es una verdad a medias sobre Freddie Mercury

‘Bohemian Rhapsody’ sólo es una verdad a medias sobre Freddie Mercury

0
Shares
Pinterest Google+

Por playgroundmag.net

Si Freddie Mercury ascendió hasta la categoría de leyenda de la música fue porque siempre lo apostó todo a una carta: mostrarse tal y como es sin esconderse en engaños ni en farsas. Las reglas no le importaban nada, ni en lo profesional ni en lo personal, y el problema de Bohemian Rhapsody radica en que le presta mucha atención a lo que los demás opinen de ella.

El largometraje de Bryan Singer que protagoniza Rami Malek deshoja a lo largo de dos horas la versión más condescendiente de Freddie Mercury para que al espectador varón blanco heterosexual no le moleste nada del Dios del rock: ni sus orígenes indios y parsis (Farrokh Bulsara nació en Zanzíbar), ni su orientación sexual, ni sus últimos días luchando contra el sida. Es más, a veces queda retratado como un reducto de la perversión del poder, de las drogas y de los excesos; y detrás de Mercury había mucho más que eso.

La cinta es una retrospectiva de manual de Queen hasta tal punto que parece una introducción a la obra de la banda británica: cómo se compusieron éxitos como We Will Rock You, por qué la canción que da título a la cinta fue tan revolucionaria, la censura en Estados Unidos por la “mariconería” manifiesta de su líder (queerness para los bilingües) y dimes y diretes con discográficas y representantes. Este retrato agasajador de Queen hace que no salgamos del cine sin descubrir nada nuevo sobre Mercury. Todo lo que nos cuentan ya está escrito en la Wikipedia, expuesto en documentales anteriores y narrado en libros ya publicados.

Para empezar, su fluida sexualidad queda resumida en una sentencia reduccionista que distorsiona realidad. En una de las escenas, Mercury le confiesa a su pareja Mary Austin (a la que se refirió repetidamente como el amor de su vida) que cree que es bisexual. Ella, tajante, le espeta que él es gay. Con ese juicio final termina la discusión y el público se irá a su casa con la idea clara de que a Freddie solo le gustaban los hombres. Bohemian Rhapsody comete el error de hablar por Freddie y de etiquetar sus preferencias en la cama en lugar de dejar al menos que él se exprese.

La sexualidad de Mercury siempre será un enigma. Bulsara nunca hizo una declaración pública al respecto y solo él sabe cómo se identificaba, pero contar que Mercury era simplemente homosexual es vendernos un engaño. Aparte de su relación con Austin, el guitarrista de Queen, Brian May, contó en una entrevista reciente a The Times que por el camerino de la estrella pasaron primero invitadas y después invitados. “Cualquiera que retrate la historia de Freddie como puramente gay no se ha enterado de nada”, dijo May. Confirmamos entonces que Bohemian Rhapsody no se ha enterado de nada.

La película sufre el síndrome Con amor, Simon. El primer blockbuster gay de Hollywood está confeccionado para que a ningún espectador se sienta incómodo al ver un romance entre dos hombres y la cinta de Singer ha emulado sus pasos.

En Bohemian Rhapsody hay straightwashing porque la sexualidad de Freddie ha sido difuminada para que resulte inofensiva. No hay escenas de sexo explícito, ni subidas de tono, ni besos entre varones que causen remilgos en las salas. Lo que sí hay es un retrato maniqueo de la escena gay de los 80 (hombres musculados bailando en clubs de leather, encuentros en baños públicos, orgías en mansiones con polvos blancos), que habría sido la culpable de alejar a Mercury del patrón de vida familiar que seguían sus compañeros de banda hasta arrastrarlo a la más absoluta soledad. Demasiado incierto, demasiado simple.

Junto con el actor Rock Hudson y el pianista Liberace, Freddie Mercury fue uno de los primeros grandes nombres del mundo de la cultura en morir a causa del sida y, sin embargo, Bohemian Rhapsody pasa por esta parte de su vida deprisa y corriendo. Mercury supo que era seropositivo en 1987 y respondió a su diagnóstico con una canción tan emblemática y con una letra tan redentora como The show must go on, que en la película no suena ni de pasada.

Un pañuelo con gotas de sangre, una visita al médico y una conversación exageradamente dramática con sus compañeros de grupo son las referencias a esta enfermedad que acabó con su vida en 1991. Un acercamiento muy vago para un asunto en el que se podría haber posicionado con un mensaje político y social contundente.

El mismo problema sucede con sus orígenes étnicos. Mercury era un hombre de descendencia asiática liderando una banda de rock en un momento en el que la diversidad racial en la música británica era escasa.

Por la película han pasado dos directores, Bryan Singer y Dexter Fletcher, y el papel de Mercury ha caído en las manos de Sacha Baron Cohen, Ben Whishsaw y, finalmente, de Malek. Este baile de nombres que se venía produciendo desde 2010 debido, entre otras cosas, a diferencias creativas —el guitarrista (Brian May) y batería (Roger Taylor) de Queen producen la cinta— no daba buenos augurios. Ciertamente, si esperábamos una película que se metiera en las entrañas de Freddie Mercury para mostrarnos el lado más humano del mito, Bohemian Rhapsody es una oportunidad perdida.

No estamos ante un biopic sobre Freddie Mercury porque no hay ninguna intención de capturar su esencia. Se perciben pequeños atisbos cuando relegan a un lado su ego artístico para centrarse en la relación con Mary Austin, sus días sumido en la soledad y el sida. Pero estos tres escenarios resuenan como un añadido forzado que, por la forma en la que está narrada la película, parecen irreales y poco trascendentales a nuestros ojos.

“No llegarás a ningún lugar pretendiendo ser alguien que no eres”, le dice su padre en un momento en la cinta. Freddie llegó a la cima por ser fiel a sí mismo y eso, lamentablemente, queda desdibujado en Bohemian Rhapsody.

 

Previous post

Localizan sin vida a profesor reportado como desaparecido

Next post

El fugaz e intenso amor de María Félix y Agustín Lara