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Opinión – La narrativa de odio y sus efectos: terrorismo antiinmigrante

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Por: Uzziel Becerra

Un festival del norte de California, un Walmart en Mississippi, otro Walmart en el Paso, Texas cerca de la frontera entre Estados Unidos y México y el popular distrito de Dayton, Ohio. Las cuatro fueron escenario de tiroteos en la última semana, eventos que en conjunto dejaron al menos 34 muertos y más de 50 heridos, entre ellos ciudadanos mexicanos. El joven Patrick Wood Crusius de 21 años fue detenido por ser el actor material de los crímenes de odio y terrorismo, pues con un arma de fuego realizó la masacre en Texas.

Crusius es señalado por autoridades norteamericanas por haber escrito un “manifiesto” a través de sus redes sociales, que expresa los motivos de su crimen, que podemos resumir en diez puntos: 1) El ataque es una respuesta a la invasión hispana de Texas por los mexicanos. 2) Es en defensa de su país, por el riesgo de remplazo étnico y cultural provocado por la invasión latina. 3) Su inclusión solo favorece al partido demócrata, por lo que esos millones de ciudadanos decidirán todas las elecciones. 4) El ataque es un incentivo para que los migrantes hispanos regresen a sus respectivos países de origen. 5) Si Estados Unidos se deshace de los hispanos, el estilo de vida norteamericano puede subsistir. 6) El paso a la acción es un acto patriótico que protege los derechos de los norteamericanos. 7) Si Estados Unidos cae será por culpa de los traidores que defendieron la migración. 8) La mezcla de razas crea problemas de identidad, por lo que debe ser desterrada. 9) Estados Unidos debe ser una confederación en la que cada estado corresponda a una raza para evitar la mezcla racial. 10) La batalla es a favor de Estados Unidos para apartarla de la destrucción.

De tal exposición podemos observar posiciones dignas del fascismo y el nazismo, totalitarismos del siglo XX que reprodujeron las peores masacres de la historia. Los hechos recientes indican que la motivación permanece en el terreno político-ideológica. No debemos perder de vista que estos hechos se suscriben a una coyuntura de campaña electoral en Estados Unidos, caracterizada por el odio racial, el extremismo, el supremacismo blanco y el discurso antiinmigrante. El centro del debate del electorado es precisamente el tema migratorio. No se debe olvidar que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fue el actor político que asentó las propuestas extremistas, en busca de una estricta política migratoria y un discurso de odio que hoy da sus frutos en la población estadunidense.

Aunque el presidente Trump pretenda crear una narrativa en la que el origen de estos ataques se debe a personas con trastornos mentales, lo cierto es que, desde sus posicionamientos públicos han incentivado el exacerbamiento de los sectores que creen en la superioridad del hombre blanco y sus privilegios, territoriales, poblacionales, económico-comerciales y políticos. El que la población pase del discurso a la acción debe ser analizado con cuidado, pues pudiese radicalizarse y continuar gestando ataques terroristas.

Con respecto a México, el Secretario de Relaciones Exteriores de México, Marcelo Ebrard, anunció que el gobierno de México promoverá mecanismos jurídicos internacionales por terrorismo y por la venta de armas con las que se realizaron los tiroteos en el país vecino, asimismo, buscarían extraditar al autor material de la masacre en Texas. Con la finalidad de proteger a los mexicanos en el extranjero, coordinarán a los consulados de Texas, California, Atlanta entre otros para generar estrategias que salvaguarden la vida e integridad de los mexicanos. Esperemos que el gobierno de México pueda exigir con firmeza y determinación la no repetición de lo sucedido al gobierno norteamericano.

Los atentados con motivos raciales ponen varios temas sobre la mesa: la poca regulación sobre la compra-venta de armas de fuego, la narrativa de odio racial y antiinmigrante de los sectores extremistas, los conflictos de carácter étnicos y su complejidad para la democracia estadounidense, las relaciones México-Estados Unidos podrían debilitarse por las tensiones respecto al tratamiento jurídico de las víctimas y sus familias, la posible coordinación de victimarios por redes sociales, impulsados por un discurso de odio que llama a la acción, entre otros temas. Esos son los grandes desafíos para la estabilidad y permanencia de la democracia estadounidense.

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