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PRD es un riesgo para Morelos

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Por Oswald Alonso

Ya lo escribió  el académico y ahora consultor Luis Carlos Ugalde: Entre mayor democracia mayor corrupción.

Si es cierto que el país vive en mayor democracia, entonces, seguramente el presidente Enrique Peña Nieto ya habría dejado el cargo para enfrentar cargos por la adquisición irregular de la Casa Blanca. Si hubiera  democracia, muchos gobernantes vinculados con los carteles de las drogas estarían en la cárcel. Sólo como ejemplo.

También, si viviéramos en democracia, el mal llamado Partido de la Revolución Democrática (PRD), estaría en el bote de la basura sin registro y sin prerrogativas, al igual que muchos otros partidos.

Ayer martes el PRD en Morelos nos dio una muestra clara del peligro que representa para los que habitamos la entidad.

Su presidente, Rodrigo Gayosso Cepeda (hijo del gobernador Graco Ramírez), convocó a una sesión extraordinaria del Consejo Político Estatal. La sesión se dio este martes por la tarde; dos puntos a resolver, su solicitud de expulsión para el senador Fidel Demédicis y el edil de Tlaquiltenango Enrique Alonso. Dos, el caso del municipio de Temixco.

En el primer caso resolvieron la mayoría de los consejeros del PRD que Fidel y Enrique están violentando una disposición legal (decreto que le permite al estado intervenir en la seguridad del municipio), lo que no se debe permitir en el PRD, máxime cuando la disposición viene de un gobernador perredista. Con ese razonamiento han acordado pedir su expulsión. A Enrique por expulsar al Mando Único de Tlaquiltenango, y a Fidel por estar detrás del edil. Parece que en un debate interno entre perredistas podría estar bien.

Sin embargo, al pronunciarse en el caso Temixco nos dan pistas de que su consejo político  ni es democrático y su argumento de la ley es sólo un discurso de moda para decidir  en contrasentido.

En el caso del pleito legal que existe en el municipio entre grupos del PRD que disputan la titularidad de la presidencia municipal,  el consejo decidió pronunciarse por violar la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Morelos. Se pronunciaron por violar la ley electoral y desconocer los resultados donde ganó la presidencia su partido con una titular y una suplente. Si, en una decisión inaceptable los consejeros se pronunciaron en el sentido de que Irma Camacho García, su presidenta suplente, electa con las siglas del PRD, no asuma la presidencia a pesar de que legalmente a ella le corresponde. Así lo dicen las leyes que los mismos perredistas han legislado y validado.

Los perredistas decidieron que quien asuma la presidencia sea Juana Ocampo, mamá de Gisela Mota, alcaldesa que 14 horas después de asumir el cargo fue asesinada en su casa frente a su familia. Dos hombres y una mujer están en la cárcel procesados por el homicidio doloso.

La cosa es muy sencilla de entender. En un caso piden que se respete la ley y en otro piden que se viole la ley. ¿cómo es esto posible en un partido que se dice democrático? Se pensaría que un partido con una historia en la defensa de la ley y derechos humanos tendría que pronunciarse en el mismo sentido, pero no ocurre así, por lo menos no en Morelos cuya evidencia de su contrasentido está a la luz de sus decisiones. Esto representa un grave riesgo para quienes habitamos este estado porque  significa que ellos, los del PRD, para algunas circunstancias aplican la ley y para otras –las que no conviene a sus intereses- simplemente las desconocen para defender posiciones o recursos.

El PRD está de cabeza, ya lo escribió su propio presidente Agustín Basave cuando renuncio a la dirigencia cuando no le permitieron las alianzas en varios estados. Él dijo que adentro los grupos tienen secuestrado .

“Llegué a la presidencia nacional del partido consciente de la enorme dificultad del reto. Sabía de la complejidad de un partido horizontal, heterogéneo, con tendencias centrífugas, hundido en la peor crisis de su historia. Sabía de las heridas de guerra que han marcado a sus corrientes, de las pugnas entre dirigentes, de la cercanía al priismo de algunos de ellos, de las corruptelas en varios de nuestros gobiernos. Pero también sabía del tamaño de nuestra militancia, de la convicción y la esperanza de millones de afiliados a lo largo y ancho del país; gente limpia, sedienta de un liderazgo con nuevo rumbo. Y sabía de la urgente necesidad que tiene México de contar con un partido de izquierda socialdemócrata, eficaz combatiente de la desigualdad y la corrupción que zahiere al país, inequívocamente opositor a este gobierno corrupto e inepto.

“Con todo, debo confesar que no había medido las enormes animadversiones tribales, mayores a las rivalidades con cualquier otro partido. Creí que la consciencia de la crisis que atravesamos y el instinto de supervivencia podrían contrarrestar la injerencia de diversas instancias gubernamentales al interior del partido y las luchas por el control interno y por la interlocución con el gobierno, que hoy están desgarrando al PRD. Pensé que el hecho de que casi todas las corrientes tuvieran la audacia de apoyarme para llegar a la Presidencia Nacional, sabedores de mi pública y vehemente oposición al proyecto del PRI de restaurar el autoritarismo, el régimen de partido hegemónico y el presidencialismo sin contrapesos, constituía una esperanza de que yo podría construir un apoyo mayoritario para lograr el renacimiento de nuestro partido. No me cabía la menor duda de que tarde o temprano surgiría un diferendo que me obligaría a confrontar a alguna o algunas de ellas para afianzarme como presidente, pero confié en tener tiempo para construir un movimiento de opinión pública que me diera la fuerza necesaria para hacerlo.

“Pero la confrontación se precipitó. Y quedó de manifiesto que varios de los dirigentes que me dijeron que mi ventaja sería situarme por encima de los grupos esperaban, en el fondo, que yo diera trato preferencial al suyo si no es que de plano me decantara como un miembro de facto de su expresión. He aquí el meollo del asunto: en realidad no hay consciencia de la terrible situación política que vivimos y, dicho sea de paso, tampoco de nuestros graves predicamentos económicos, porque pese a que este año recibiremos 30% menos en prerrogativas y tendremos que pagar varias multas, casi todos exigen un aumento a su presupuesto, aún quienes ya cuentan con una considerable infraestructura. La verdad es que existe una disputa por jirones de nadería”, escribió Agustín en su carta de renuncia presentada al Consejo Político Nacional.

De este tamaño es la contradicción en el PRD, casi de todos los que lo conforman. Pido ley afuera pero soy injusto adentro. Pido se aplique ley contra quienes violan disposiciones que yo impuse pero  exijo se violen más leyes porque no me conviene. Éste es el PRD de nuestros días. Agustín Basave, sacado de la academia para dirigir el PRD nacional tiene razón: viven una crisis, sus luchas internas los carcome; no tienen capacidad de reconocer. Ese es su destino carcomerse como lo hacen los gusanos.

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