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Sospechas detrás del Alemania-EU

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Por Iván Navarro

CUERNAVACA, Mor., 24 de junio.- Corría el mundial de España, el 25 de junio de 1982 quedó marcada como la fecha negra en la historia del futbol y de los mundiales, “el pacto del Molinón” se había concretado.

Alemania y Austria se enfrentaban en el estadio del Sporting de Gijón. Los alemanes, con una victoria, clasificaban junto a Austria. En tan sólo 11 minutos se resolvió el encuentro, Horst Hubesch cabeceó y anotó el gol que daba el pase a ambas selecciones.

El resto del partido, 79 minutos para ser más exactos, fueron simple y sencillamente el ejemplo de cómo un partido de futbol se podía amañar desde el vestidor, ninguno de los dos equipos corría dentro del campo, no hubo más llegadas a los marcos y lo más bochornoso, los jugadores rivales ni se acercaban en lo mínimo para robar el balón.

La pelota parecía quemarle los pies a todo mundo, pelotazos de lado a lado, jugadores austriacos y alemanes se volteaban a ver, el cruce de esas miradas lo decía todo, se había cumplido el objetivo y el marcador era exactamente el que ambos equipos necesitaban para seguir con vida en la justa mundialista de España, al mismo tiempo eliminaban a Argelia, que aunque tenía los mismos puntos que Alemania y Austria, se fueron a casa por la diferencia de goles.

Argelia había hecho su trabajo un día antes al derrotar  3-2 a Chile y solo esperaba el resultado entre alemanes y austriacos para definir el siguiente clasificado.

El público que se dio cita en el estadio “Molinón” al ver la falta de ética deportiva de alemanes y austriacos, inició una serie de silbidos y abucheos por su evidente acuerdo. Algunos aficionados argelinos presentes en el estadio lanzaron monedas al césped señalando que el partido estaba arreglado.

Durante la transmisión del encuentro, el presentador Robert Seeger al darse cuenta del “pacto” invitó a la audiencia a apagar el televisor y comentó “¡Qué pena me da mi país!”. Mientras tanto, el comentarista alemán Eberhard Stanjek, afirmó al aire “va a dar alegría cuando esto se acabe. Lo que se ha visto es una completa deshonra, al partido no se le puede calificar de otra forma”.

En el estadio, entretanto, el público agitaba los pañuelos blancos y abucheaba a los futbolistas que continuaron su “juego” sin incomodarse esperando a que el tiempo se agotara.

Argelia, protestó ante la FIFA por el amaño del partido sin tener el éxito deseado, pero, aunque el comportamiento de austriacos y alemanes se quedó sin castigo ya que técnicamente no rompieron ninguna regla, sí generó una gran revolución en las reglas del juego.

25 años después, el ocho de enero de 2007, el ex defensa alemán Hans-Peter Briegel se disculpó públicamente ante los aficionados argelinos a través del diario “Al Ittihad” de Emiratos Árabes Unidos por la trampa.

“Sólo me puedo disculpar ante los argelinos, porque habían merecido clasificarse para la segunda fase”, manifestó Briegel.

Las consecuencias del “pacto del Molinón”

Para evitar que se repitiera la historia de Gijón, la FIFA modificó algunas reglas que se pusieron en vigor a partir de la Eurocopa de 1984, esta fue la de jugar de forma simultánea los últimos dos partidos de las fases de grupo.

La segunda regla que se cambiaría llegaría en 1992, cuando se oficializó la prohibición a los arqueros de tomar con las manos las devoluciones de balón de sus compañeros y “hacer tiempo”.

Esto debido a que fueron los dos recursos que utilizó Alemania para que el tiempo continuara en el partido contra Austria.

La historia  a punto de repetirse

Tres décadas después, 32 años para ser exactos, de aquel incidente negro, como muchos otros ha tenido la FIFA, se puede repetir la historia.

Una sombra de vergüenza ronda nuevamente en la órbita alemana, ahora en el mundial de Brasil. Alemanes y estadounidenses se enfrentan este jueves 26 de junio en la Arena Pernambuco, ambas selecciones solo necesitan un empate para dejar fuera a Portugal.

Jürgen Klinsmann, técnico de Estados Unidos, es de origen alemán y ha revivido estas sospechas con sus vehementes declaraciones ante los medios: “Si mi equipo no jugara siempre a ganar, México no estaría en el Mundial”, declaró.

A lo que Klinsmann se refería fue la victoria en el último partido de la eliminatoria de Concacaf que Estados Unidos obtuvo de visita ante Panamá. Ese resultado, que para los “gringos” no generó nada trascendente, le abrió el camino a la selección mexicana para llegar a Brasil ya que lo puso en el repechaje ante Nueva Zelanda.

Klinsmann desestimó cualquier sospecha de que podría “darle una mano” a su amigo y ex auxiliar en el mundial de Alemania 2006, Joachim Löw para el juego que sostendrán el jueves 26 de junio.

Ya abierta la “cloaca” como se dice en la jerga futbolera, el central alemán Mats Hummels, le puso sal a la herida y se disculpó por adelantado al afirmar: “Si en el minuto 91 del partido contra Estados Unidos el marcador está 1-1 no voy a intentar como último hombre de la defensa gambetear a cuatro rivales. Máximo a dos, pero no a cuatro. Espero su comprensión”.

Si a los dos equipos les conviene el empate, ¿por qué no? La pregunta no es nueva, y la situación, para los alemanes, tampoco. La FIFA deberá estar al tanto de lo que ocurra para evitar se tenga un nuevo “pacto del Molinón” ahora en Brasil.

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