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La Sirena

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Por Everardo Monroy

Lugar:
Bar con barra y pista de baile.
Personajes:
Olegario, Diputado federal.
Israel, agente del ministerio público.
Anabel, lideresa de tianguistas.
Elsa, cantinera de la barra.
Un trio de músicos.
Seis parroquianos.
Elsa a los músicos:
—Órale, échense la de los hermanos Mejía…
Israel:
—Caso sin resolver…
Anabel:
—Usted no se agüite, licenciado… De todos modos usted siempre es el ganón…
Israel:
—Y nuestro Patrón….
Diputado:
—Todos ganones, todos chingones… ¿o no mi Elsita?
Elsa (sirviendo la bebida):
—Así es Patrón… En Los Laureles todos le tenemos ley, por derecho… (y dirigiéndose al trio), Órale cabrones, la que les pedí… Y es de mi inspiración…
Trio (con guitarra):
En Los Laureles señores
un martes 4 de enero
sucedió una tragedia
por el maldito dinero…

Dos humildes albañiles,
Alberto y Carlos Mejía,
en el Bar de La Sirena
su vida les cambiaria.

Sus enredos con Carlota,
la dueña del lupanar
les permitió enterarse
de un negocio singular.

“Se trata de hacer caletas
en la finca de un mafioso”,
les propuso la mujer
después de calmar su gozo.

Los muchachos accedieron
y viajaron separados
A Acapulco, Guerrero
donde fueron contratados.

Después de hacer su trabajo
el capo le dijo a Alberto
para obtener tu lealtad
me pagarás con un muerto.

Alberto no tuvo de otra
lo hizo pistola en mano
y el bulto que balaceó
por desgracia fue su hermano.

Un martes 4 de enero
por culpa de su vileza
el Cain de los Mejía
se disparó en la cabeza.

Diputado:
Buena la rolita y verdadera… Eres una cabrona, Sirena…
Elsa:
Fue la ambición diputado… Los ignorantes y jodidos siempre quieren ganar money de la manera más fácil… Y hay que aprovechar la oportunidad para reclutarlos… ¿O no, licenciado?
Israel:
No, por si… Primero los pobres…
Anabel:
Y no hay de otra… Hasta en nuestro negocio tenemos que aprender a compartir… Lo de la ley de la milpa es un asunto verdadero…
Diputado (ríe):
El mil pa’ti (señala a Anabel), mil pa’mi (se toca el pecho) y mil’pa él (le apunta el dedo al agente del MO)… no falla… Y todos felices… (Dirigiéndose al trio), échense la que me cuadra…
Trio:
La pobreza no es pretexto
para triunfar en la vida
y el hijo de un jornalero
dejó su vida afligida.

Primero vendió naranjas,
después, sembró marihuana
y en menos de cinco años
se hizo de mucha lana.

Para ayudar a la raza
se metió en la política
Y para este negocio
compró a la prensa crítica.

La justicia tiene precio
y el Patrón pudo alquilarla
y ahora que es diputado
ha sabido aprovecharla.

Palomita mensajera
y burócrata pendejo
ya les cayó el Patrón
el dueño de su pellejo.

Elsa:
—¿Y cuándo se va a su finca, Patrón?
Diputado:
—En dos o tres meses. A la alcaldía de Acapulco ya la tengo en la bolsa…
Anabel:
—Tiene nuestro total apoyo, Patrón… La Asociación Nacional del Comercio Informal cerrará filas con su candidatura…
Israel:
—El magistrado Domínguez ya está moviendo a los jueces y agentes del MP para darle tambien su espaldarazo, Patrón…
Diputado (al trio):
—Órale, rasca cuerdas, ahora tóquense algo de José Alfredo… (y mirando a Estela), dales una buena propina a estos señores y nada de pequeñeces… ¿Estamos, Sirena?
Estela:
—Su orden es ley, Patrón…
Trio:
Yo sé bien que estoy afuera,
pero el día que yo me muera
eé que tendrás que llorar.
Llorar y llorar…
Llorar y llorar…
Dirás que no me quisiste,
pero vas a estar muy triste
y así te me vas a quedar
Con dinero y sin dinero
yo hago siempre lo que quiero
y mi palabra es la ley;
no tengo trono ni reina
ni nadie que me comprenda,
pero sigo siendo el rey.

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