Por Xavier Rosas de ladobe.com.mx

@wachangel

Puebla.- Los cueteros alistan cada una de las uniones para que las mechas logren su cometido: encender al momento preciso para que la noche se ilumine con la pirotecnia y se escuche, incluso en Teziutlán, los estallidos de los crisantemos, las bombas y los Kraken, de la celebración en San Juan Xiutetelco.

Para algunos, el trabajo de preparación para esta fiesta comenzó a finales de 2013, con la creación del boceto para definir las imágenes que adornarán los andamios de metal, así como elaborar las mezclas que deberán utilizar para que las diferentes tonalidades, ya sean rojas, verdes, azules, amarillas, tiñan las noches siguientes el cielo de este pueblo de la Sierra Norte de Puebla.

Es 10 de febrero y en los polvorines de San Juan Xiutetelco se alistan los pormenores para  la creación  de los castillos y los toritos. Diferentes grupos, divididos por barrios del pueblo, se preparan para el pase de la mayordomía de la Virgen de Guadalupe de la Iglesia del Aguacate.

En casa de Don Silvino Murrieta, uno de los cueteros más reconocidos y respetados en Xiutetelco, el mole y el arroz continúan cocinándose a la espera de sus invitados. Cederá la mayordomía a su sobrino, un momento que ha esperado por diez años.

San Juan y la Virgen de Guadalupe recorren las calles de Xiutetelco, acompañados de algunos toritos –aún sin terminar -, los cohetes continúan resonando por todo el pueblo, la tambora marca el paso de la peregrinación mientras los saxofones y las trompetas inundan las calles con sonidos de fiesta.

La celebración se originó cuando hallaron la imagen de la Virgen de Guadalupe en un árbol de aguacate, que eventualmente se secó debido a que mucha gente prendía veladoras a los pies de éste.

Cuando finalmente las imágenes de la Virgen de Guadalupe  y de San Juan llegan a la casa de Don Silvino, son colocadas en su lugar correspondiente: San Juan al centro  y la virgen a su izquierda.

“¡Esa banda: música!”, reclaman los cueteros más jóvenes. La rechifla también se escucha, al tiempo que la trompeta anuncia, como si se tratara de una corrida de toros, que a la siguiente tonada dará inicio. En los rostros de los músicos se refleja el cansancio de una jornada de más de 15 horas.

Los barrios acompañan a los toritos que de sus polvorines nacieron. Ya no son estructuras en las que una sola persona es la encargada de dirigirlos y representar a la bestia que en la fiesta de toros trata de embestir al propietario del capote; ahora son más de cinco los jóvenes que cargan aquellas estructuras adornadas con reguiletes, buscapiés, cohetes de mecha o escupidores.

Los ojos de un torito de más de tres metros de altura iluminan el andar de la peregrinación. Las innovaciones eléctricas ya forman parte en la elaboración de la pirotecnia de San Juan Xiutetelco. Bajo la estructura de metal que conforma este torito peculiar, una motocicleta hace las veces de las patas de aquella bestia que en unos minutos más se encenderá, así como un cableado ilumina diferentes partes de aquella bestia que pareciera estar tunneada.

Más de una hora dura el encendido de todos los toritos de la mayordomía de la Virgen de Guadalupe de la Iglesia del Aguacate. Torear o ser perseguido por estas bestias de fuego son el pretexto para que año con año los habitantes de San Juan Xiutetelco creen estructuras cada vez más complejas y continúen con una labor característica del pueblo: la pirotecnia.

Don Silvino Murrieta observa cada una de las bestias de fuego que se construyeron para celebrar el fin de su mayordomía. Sabe que, al término del último torito, el más grande de todos los que esa noche se encenderán, su gestión habrá concluido y ahora será responsabilidad de su sobrino agradecerle a la Virgen de Guadalupe y al patrono, un año más de vida y trabajo en un pueblo de cueteros poblanos.