Foto: Tony Rivera/CiudadanosMx

Por Leticia Villaseñor

Zacatepec, Mor., 20 de septiembre.- La Hacienda vieja de Zacatepec está enclavada en pleno centro de la ciudad. Su aspecto descuidado y lúgubre tras el sismo del año pasado no impide a sus inquilinos regresar a lo que fue su hogar por más de cinco décadas, pese a las cuarteaduras que atraviesan el lugar de extremo a extremo.

La hacienda fue construida unos cuatro siglos atrás pero fue a finales del siglo XIX que se usó como bodega del ingenio de Zacatepec, luego derivó en cuartos de renta para los trabajadores a fin de tenerlos cerca y que no abandonaran la zona.

Fabiola, una de las habitantes del histórico lugar, camina sin miedo por las escaleras oscuras y deterioradas, con goteras por doquier. La luz del mediodía es cegadora al salir del espacio cerrado.

Una veintena de casas pequeñas dispuestas en forma de herradura lucen abandonadas. Las cuarteaduras que van de extremo a extremo lucen amenazantes sobre la cabeza de sus inquilinos, quienes desde el sismo del año pasado se vieron obligados a abandonar el sitio ante la nula respuesta de las autoridades de los tres niveles de gobierno.

El sitio, resguardado en su fachada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) puede ser intervenido solo bajo la supervisión de la instancia federal.

Pero el lugar no ha sido rehabilitado. El Instituto realizó un dictamen del cual sus habitantes desconocen si tuvo o no daño estructural.

Pero el paisaje en cada vivienda es el mismo. Cuarteaduras en cruz, el techo de lámina en el piso, agua escurriendo en todas las paredes, el suelo levantado y desquebrajado, e incluso vegetación silvestre que surgió con las primeras lluvias.

“Lo mejor que nos puede pasar es que esto se venga abajo, pero dicen los especialistas del INAH que el edificio está muy fuerte”, dice resignada Fabiola, una de las más de 100 habitantes del lugar.

Además del abandono, los vecinos sufrieron otra afectación. El párroco de la iglesia contigua, cuya construcción data de unas cuatro décadas atrás, echó el escombró sobre el lugar, ranuró pisos y paredes así como la fachada lateral para que el agua que se filtra con la lluvia no quede anegada sobre el techo, ya que en la parte sur de la hacienda, la mitad inferior es parte de la iglesia y así se ubican los salones parroquiales.

De las paredes que se vinieron abajo, fueron quitados los tabiques que están en buenas condiciones y apilados en una de las casas, sin que nadie diera permiso para ello.

“Estas siguen siendo nuestras casas, pero al cura no le importa y eso es un robo”, comenta indignada la mujer.

El organismo Unidos por Morelos se reunió con los afectados, a quienes se les prometió la construcción de sus casas en un terreno cercano al Instituto Tecnológico de Zacatepec, pero las gestiones quedaron detenidas un par de meses atrás.

Don Jorge, otro de los vecinos del lugar, carga un colchón en buenas condiciones, lo coloca sobre una de las pocas paredes que quedaron en pie y comenta que esa misma tarde traerá todos sus muebles y regresará a vivir ahí. “Ya no puedo pagar otro mes de renta”, suelta enojado, mientras le dice a dos hombres que vienen detrás de él con más enseres domésticos donde colocar los muebles.

Los vecinos, que se conocen desde cuatro décadas atrás, lamentan que la atención se centró en el municipio aledaño de Jojutla, el más afectado de Morelos tras el terremoto. «Nosotros también fuimos afectados», recriminan.