Por Leticia Villaseñor
Zona Sur, Mor.- 23 de septiembre.- La distribución de la ayuda humanitaria enviada a los damnificados tras el sismo del pasado martes llegó a raudales pero a destinos presuntamente diferentes para los que fue destinada.
La imagen se repite en los municipios afectados, decenas de personas, en su mayoría mujeres jóvenes y adultas, en espera de las camiones o de cualquier vehículo con alguna leyenda que revele que su contenido es de ayuda. La gente arremolinada que pelea una despensa, una cobija, algo de ropa, pero no todos son damnificados. En los límites de los municipios de Zacatepec y Tlaquiltenango, ya en la colonia Gabriel Tepepa, son visibles los centros de acopio «ciudadanos» con leyendas que aseguran que la ayuda se dará directamente a las comunidades mas alejadas, sin intervención del gobierno.
Varios de cientos automovilistas y conductores de camiones pesados, atienden estos anuncios, hacen el inventario de lo que reciben, a quien lo dejan, a dónde lo llevarán y piden fotografías de las entregas. Algunos de los vehículos particulares entregan su carga o parte de ésta y regresan a sus localidades o entidades.
Doña Rosa, que atiende unos de estos pequeños acopios, asegura que no confía en las autoridades para su entrega. El sentir popular es que ante la proximidad de los comicios electorales, las despensas serán almacenadas y guardadas hasta los tiempos de campaña para repartirlos con el logotipo de algún partido político. El argumento se reproduce en la mayoría de este tipo de acopios, que abundan en los municipios sureños de Zacatepec, Tlatizapán, Tlaquiltenango y Jojutla.
En cuanto a los voluntarios que deciden montar a toda la familia en sus autos compactos o camionetas, las razones son similares pero desconocen las localidades, en especial de las rancherías más alejadas, y consideran más práctico dejar la ayuda con gente de la comunidad, sin más garantía que la palabra de quien la recibe y su agradecimiento.
Algunos otros deciden acudir a las rancherías, preguntan quién necesita ayuda y sin mayor trámite cientos de despensas han sido entregadas de esta forma.
Otros tantos acuden a las unidades habitacionales o a las principales plazas de las ciudades donde descargan a la vista de todos su contenido. Una multitud se agolpa a su alrededor en busca de una de una bolsa, un jabón, una bolsa de pañales.
«Ustedes no lo necesitan, no son damnificados» gritó un vecino de la unidad habitacional Los Arrozales en Jojutla pero el gesto le valió el repudio generalizado. A pesar del encono el joven los encaró y recalcó «sus casas están intactas, como la mía, por qué piden víveres”, cuestionó pero los responsables de la carga le dijeron que damnificados o no les entregarán las despensas «por los días futuros”.
Agua para su molino
Pero no sólo aquellos que se dieron a la tarea de desplazarse desde otras entidades cometen este tipo de irregularidades en la entrega, la autoridad municipal y estatal también cometen errores, o irregularidades, en la entrega.
En la cabecera municipal de Tlaquiltenango se instaló un centro de acopio en la cancha techada, frente a la iglesia de Santo Domingo, rajada por la mitad tras el sismo.
Un centenar de personas trabajaron por horas el pasado miércoles en la separación de los productos y después los productos fueron llevados en una camioneta pequeña de redilas, con el nombre del edil Enrique Plascencia, pintado en un par de tablas amarradas a los costados del vehículo hasta la también derruida presidencia, a dos cuadras de ahí.
Vecinos del centro lamentaron que las despensas se entregaron el primer día sin un listado de damnificados. «Iban de casa en casa entregando las despensas, sin ningún criterio», denunció doña Rosario. La mujer, quien es la cuarta generación de su familia en vivir en este municipio, rechazó la ayuda y cuestionó los criterios.
La respuesta del alcalde no dio mayor claridad pues aseguró que todo el municipio, el más grande de Morelos, necesitaba ayuda, no fue capaz de enumerar colonia, ranchera o poblado de su municipio donde la ayuda fuera urgente, tampoco detalló cómo estaba organizado el centro de acopio.
En Zacatepec se instaló un centro de acopio en la explanada Emiliano Zapata, frente al recién remodelado estadio Agustín «Coruco» Díaz. El primer día sólo eran tres mesas y tres personas, admite su organizador, un joven quien pidió no revelar su nombre.
Conforme pasaron las horas, las redes sociales jugaron un papel determinante, la voz «se corrió» y en el lugar se ubicaron al menos unos 30 jóvenes y la ayuda llegó. De un lado el montón de ropa es separada para bebés, niños, jóvenes y adultos y para mujer y hombre. De esos montones de ropa, un pequeño de unos siete años sacó un disfraz de Superman que apenas le quedó. Otra pequeña consiguió un disfraz de Santa Claus.
Ninguno era de su talla pero los niños estaban felices con ellos y a pesar de que los voluntarios les dijeron que podan tomar ms ropa, ambos se negaron y se fueron tirando de la ropa ajustada pero con la sonrisa imborrable.
Del otro lado ubicaron los víveres, productos de higiene y limpieza, y en otro montón los medicamentos. Los jóvenes montaron líneas de separación, embolsado y distribución. Se contactan con familiares, vecinos, amigos o líderes de las colonias hasta donde llevan la ayuda.
«El jueves, el edil Francisco Salinas nos pidió que retirar el centro de acopio porque la ayuda la concentra el gobierno estatal, ante la negativa envió a sus allegados quienes exigieron 10 despensas para distribuirlas, cuando pedimos los datos de los lugares de distribución se rehusaron a darlos, tampoco quisieron identificarse.
“Al siguiente día fuimos agredidos por otros chavos y gente adulta que prácticamente nos arrebató los productos pero a pesar del miedo que nos causó el momento, no nos amedrentamos, colocamos una especie de barricada, unas lonas y un campamento para estar da y noche aquí», relató.
Aprovechan confusión
Mientras el joven, de unos 25 años hizo el relato, un camión de carga con una lona del estado de Guanajuato llegó cargado de víveres y otros productos. Detrás de los árboles que cercan la plaza salieron unas 50 mujeres con dos niños cada una, algunos de brazos. De inmediato empezaron a lanzar porras a favor del estado, alzaron sus manos y exigían a gritos un bote de leche, un paquete de papel higiénico, El caos se hizo presente.
Alguien les puso una marca en el brazo izquierdo y les pedía que hicieran una fila del otro lado para empezar a distribuir la ayuda. Gritos, jalones, empujones fueron la respuesta hasta que alguien dio la orden «Si no hay orden no hay ayuda». Pasaron más de 10 minutos hasta que finalmente entendieron que ningún paquete se bajaría del camión hasta que atendieran la indicación.
Un centenar de mujeres hizo fila y cada una recibió algo. De inmediato corrieron detrás de los árboles, de donde salieron, para guardar en sendas bolsas plásticas negras la ayuda recibida. Con los dedos ensalivados y con ayuda de la ropa trataron de borrar las marcas para de nuevo formarse.
«Llevan todo el día, cada una juntó ya unas cinco bolsas», dijo un voluntario del campamento a uno de los integrantes de la caravana del Bajo. Era el conductor del camión quien sólo hizo un gesto de decepción y cansancio. Fue el quinto y último poblado en el que dejaron la ayuda. Una vez terminada la labor emprendieron el retorno a León, Guanajuato.
En Tlatizapán, en una de las rancheras afectadas, la encargada que asignó el DIF municipal fue la protagonista de una rebatinga pues sólo a sus allegadas, conocidas e incluso familiares entregó la ayuda a pesar de las quejas de las vecinas. De nuevo gritos, jaloneos y discusiones estériles hasta que, una de ellas aprovechó el descuido de la encargada y tomó una despensa. Eso bastó para que el resto la siguiera a pesar de las quejas y reclamos airados de la encargada.
En el entronque carretero de Zacatepec y Jojutla una familia decidió instalar una combi con una cartulina «Informes de ayuda», con una mesa y una sombrilla que apenas cubría al padre y su dos hijas del sol a plomo de la zona sur. El transportista acudió en días pasados al vecino estado de Puebla donde vio el modelo y lo copió. A través de la autoridad municipal y de redes sociales hizo un listado con información de las necesidades en determinadas localidades y con esa base daba la información a decenas de conductores, a quienes les preguntó qué tipo de ayuda traían y a partir de esa información daba las referencias de las comunidades en desgracia.