Las decisiones democráticas tomadas en una elección por la ciudadanía en su conjunto, –por “el pueblo”–, debieran por definición ser si no sabias, cuando menos inteligentes; luego entonces, por qué reiteradamente se percibe que el pueblo se equivoca. Ante este cuestionamiento, resulta un buen ejercicio el contraste de lo que pensadores como Pierre Lévy o Thomas W. Malone han aportado al concepto de la “Inteligencia Colectiva” como “una forma de inteligencia distribuida universalmente, constantemente mejorada, coordinada en tiempo real y que resulta en la movilización efectiva de habilidades”; y, “grupos de individuos que actúan colectivamente de maneras que parecen inteligentes”; respectivamente.En contraparte, la realidad frecuentemente nos recrimina por la torpeza, acaso estupidez colectiva que da paso a gobiernos funestos, a desgracias políticas que repercuten negativamente contra el mismo pueblo que tomó la decisión moral y democráticamente correcta, y lo único que nos puede ayudar a entender este fenómeno, es la falta de conocimiento e información, de reflexión masiva en el conglomerado social al momento de votar, pues me reúso a dar crédito a quienes afirman que el enojo, el resentimiento de las clases más desprotegidas y que por desgracia son enorme mayoría, mezquinamente optan por la opción que garantice que aunque nada haga por ellos, al menos reste privilegios a aquellos más favorecidos, de ser así, estaríamos ante un nivel de descomposición social totalmente distante del espíritu solidario que nos une y caracteriza a las y los mexicanos.Solo una mayor y mejor educación que logre permear a cada rincón del país, que potencie las habilidades cognitivas, podrá lograr no solo abatir la pobreza sistémica, que no refiere exclusivamente a lo económico, sino recalibrar la justicia social y la igualdad de oportunidades. El avance ha sido enorme gracias a la visión de Vasconcelos y su legado a la educación pública; sin embargo, persisten rezagos, insuficiencias y discrepancias que se deben asumir como reto nacional; de esta forma, estaremos ante la verdadera posibilidad de conformar una inteligencia colectiva bajo un mismo techo de conocimientos y capacidades que garanticen el pensar, aprender y actuar de manera conjunta, que posibilite que el resultado colectivo sea superior a la suma de los resultados individuales o grupales.Está ampliamente demostrado que las decisiones colegiadas, colectivas, se sobreponen en beneficio a las individuales o unilaterales y tratándose del destino social, ya sea a nivel nacional, estatal o municipal, es imperativo que la nuestra, sea lo más acertada posible. Hoy las prácticas y procesos de decisión colectiva cuentan con el soporte de la estructura digital en forma de plataformas de internet y redes sociales que, sumadas a los esquemas tradicionales de comunicación, facilitan que la información permee más homogéneamente; sin embargo, de manera paralela, han crecido también la manipulación y la desinformación, e incluso el exceso de información que confunde al electorado.Cada día estamos más cerca de la jornada electoral que determine, con la decisión popular y esperemos, en la inteligencia colectiva, el destino que queremos para México y en específico para 1,802 ayuntamientos; 8 gubernaturas; la jefatura de gobierno de la Ciudad de México; así como la representación popular a través de 1,098 diputaciones locales, 500 diputaciones federales y 128 senadurías; eso es lo que está en juego, es lo que se va a elegir y por lo que se va a decidir y a lo que estamos convocados cerca de 100 millones de mexicanos. El progreso democrático pasa por el desarrollo de conocimientos y construcción intelectual de las multitudes a favor de una co-inteligencia acompañada por la corresponsabilidad social que permita trascender de la inteligencia colectiva a la inteligencia colaborativa, es decir, alcanzar la madurez social cognitiva que se centre en alcanzar el bien común, en tomar decisiones que se enfoquen en garantizar el bienestar de toda una comunidad, municipio, estado y el país mismo.El próximo 2 de junio ¿será nuestra inteligencia o torpeza colectiva la que decida?

Carlos Tercero

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