Por Leticia Villaseñor

Jojutla, Mor., 4 de noviembre.- Enclavada en una esquina del panteón municipal de Jojutla se ubica una fosa común a la que nadie visita durante la conmemoración del Día de Muertos, la celebración más importante en el país.

El murmullo de cientos de visitantes da un panorama inusual al camposanto que está en una de las colonias más peligrosas de la localidad sureña. Flores, veladoras, banda de viento, conjuntos norteños, comida, lonas, bebidas, se ven por doquier.

La gente sube y baja por el lugar, pide el servicio de algún joven para que le ayude a quitar la maleza. Destapan la coca-cola, sacan los hielos, sirven un poco de ron o alguna otra bebida y por último sirven el refresco.

La familia brinda a la salud de la abuela, del abuelo, del papá, de la madre o de algún hijo asesinado o muerto por enfermedad o accidente.

En medio del panteón hay una pileta, unas 20 personas espera su turno para llenar cubetas y refrescar así sus flores amarillas de cempasúchil, las gladiolas blancas o unas flores aterciopeladas fiucsa.

Rumbo a la entrada norte del lugar la gente se dispersa. En esa zona hay pocas tumbas y los visitantes desaparecen. Es ahí donde se mantiene sola y apartada la fosa común. Llena de yerbarajos, sin flores, sin ruido y sin un solo familiar que encienda una vela por sus almas.

Pero cómo saber quiénes están ahí si los cuerpos no fueron identificados por la Fiscalía General del Estado. En 2003, una cantidad no definida de cuerpos fueron inhumados en el panteón, cuando éste tenía escasos cinco años de su apertura.

Los cadáveres no fueron lavados, ni se les realizó la necropsia, no se les tomaron las muestras para su identificación ni se iniciaron las carpetas de averiguación. Los muertos fueron echados a la pequeña fosa de 4 x 6 metros prácticamente como fueron encontrados.

De esa inhumación sólo quedó el registro de la declaración del actual edil de Jojutla, Alfonso de Jesús Sotelo Martínez, quien aseguró en marzo pasado que en la dirección del Registro Civil se encontró el acta correspondiente a dicha inhumación. El lugar se vino abajo con el terremoto del pasado 19 de septiembre y se desconoce el destino del papel.

En 2014, otra inhumación se llevó a cabo en condiciones irregulares. 39 cuerpos fueron rescatados en mayo pasado en una primera parte de la diligencia para ello, bajo la responsabilidad de la Fiscalía general del Estado. Otros 50 restos fueron recuperados pero la presencia irregular de un féretro en medio de la fosa común impidió que más cuerpos fueran sacados, hasta que la familia de dicho muerto otorgue el permiso para reubicarlo en otra zona del panteón.

Hay tres tumbas colocadas de manera irregular en el terreno de la fosa, las cuales tampoco nadie visitó este día de Muertos.

La diligencia de exhumación acabó desde mayo pasado y los resultados de ADN debieron estar listos, según el fiscal general Javier Pérez Durán, en octubre, lo que no ocurrió y no ha dado una fecha para ello.

Mientras los resultados de identificación genética y el permiso para reubicar las tumbas se obtienen, los cuerpos en calidad de desconocidos permanecerán en la descuidada y olvidada fosa de Jojutla por tiempo indefinido.

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