Foto: Máximo Cerdio

Por Leticia Villaseñor

Cuernavaca, Mor., 2 de febrero.- Enrique Garfias mejor conocido como Enrico era un hombre de negocios, bailarín y extrovertido. Tenía una tienda de ropa de paca en el centro de Cuernavaca en un segundo piso desde donde anunciaba con un megáfono las ofertas, cantaba e invitaba a la gente a conocer la mercancía.

Al caer la tarde, Enrico dirigía sus pasas al Jardín San Juan donde años atrás organizó un grupo de danzón para la gente de la tercera edad. El grupo creció y cerca de 200 personas de todas las edades acudían para aprender los pasos básicos del elegante baile pero especialmente para convivir con sus amigos.

Enrico desapareció en octubre de 2016 cuando al parecer equivocó la ruta. A decir de sus amigos, vivía por el rumbo de Subida a Chalma, al norte  de Cuernavaca con una de sus hijas. La relación no era buena entre la familia pues el hombre de más de 80 años dormía en un cuarto de servicio y no tenía dinero propio, tampoco comía bien, cuentan.

Así, el hombre lleno de vitalidad que sacudía su larga cabellera rizada al ritmo de la música, se fue consumiendo y su vitalidad desapareció. Además estaba cercano a los 90 años por lo que era fácil que extraviara el rumbo.

El investigador privado Ivin Jaubert, contratado por las sobrinas de la víctima, descubrió que el último día que el bailarín fue visto con vida abordó una ruta pero ésta lo llevó por el rumbo de Lomas de Cortés, también al norte de Cuernavaca pero a varios kilómetros de distancia de la casa de su hija.

Por las indagatorias realizadas, conoció que el hombre vagó por el rumbo hasta llegar a la colonia Antonio Barona, una de las más peligrosas de la ciudad, en las inmediaciones del Paso Exprés.

El caso de la desaparición de Enrico fue difundido en medios de comunicación y entre sus amigos pero sin resultados durante meses.

La familia explicó que los restos de Enrico, al menos su cráneo, fue localizado desde finales de 2016 por vecinos del lugar. Los restos fueron llevados a la morgue donde, a pesar de tener las muestras genéticas de la familia para realizar la confronta, éstas no se hicieron.

El investigador señaló que ubicó los últimos pasos de Enrico con la información de familiares y amigos que tuvo la Fiscalía General del Estado desde el reporte de su desaparición.

Las pistas que siguió el investigador privado apuntaron a que el cráneo localizado era el de Enrico, el cual fue confundido con el de una mujer. Tras varias peticiones, la Fiscalía realizó la confronta de pruebas genéticas que resultaron positivas.

A finales de enero pasado, fueron entregados los restos a la familia. Una de las hipótesis de su muerte es que fue arrollado por un camión pesado. Los restos fueron devorados por la fauna salvaje porque sólo se recuperó el cráneo sin tener rastro del resto.

 

 

 

 

Exigen salida de fiscal por incompetencia reiterada

 

Integrantes de la organización “Gustavo Salgado Delgado” exigieron la salida del fiscal general Javier Pérez Durón por permitir que casos como el de Enrico proliferen.

En marzo de 2014, Jesús Hernández Maldonado fue reportado como desaparecido. Su cuerpo fue localizado en junio de ese mismo año pero pasó tres años en una bolsa negra tirada en un rincón del Servicio Médico Forense en Cuautla.

En esa misma fiscalía permanecieron en calidad de desconocidas los cuerpos de Neyda “N” y Dalila “N”, dos jóvenes que fueron reportadas como desaparecidas en febrero de 2016. Los cuerpos fueron localizados a mediados de ese año en dos domicilios, enterradas en los patios. A pesar de contar con las pruebas de ADN aportadas por las familias, fue hasta diciembre pasado que los deudos pudieron recuperar los cuerpos de las víctimas.

En caso idéntico, en la misma fiscalía Oriente, el cuerpo de Oliver Wenceslao fue inhumado con 117 cadáveres más en un predio sin permiso, por la entonces Procuraduría General del Estado.

Oliver fue identificado por sus familiares desde que fue llevado a las instalaciones del Semefo pero permaneció varios meses en el lugar para la realización de varias pruebas. La familia supo de la inhumación por fuentes externas. Denunció el caso que fue llevado hasta los tribunales donde un juez ordenó su exhumación.

Así se descubrieron las sendas irregularidades de las fosas de la Fiscalía en el municipio de Cuautla, en la comunidad de Tetelcingo, y en Jojutla, donde aún no se terminan las labores de exhumación.

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