¿Se puede ofender a un mandatario en público?

Por Uzziel Becerra

La opinión pública volvió a dividirse a favor y en contra de la figura presidencial, ahora por un pronunciamiento del comediante y locutor Víctor Trujillo, alias “El Brozo”, durante la conducción de “El tenebrozo” en el programa LatinUS, de Carlos Loret de Mola: “…eres un pinche presidente que, o nos sirve o no sirve pa´ni madres”, expresó el “Brozo”. Lo anterior ha servido para que algunos simpatizantes del presidente pidan sanciones contra el comediante y censurarlo por considerar que incurrió en un abuso a la libertad de expresión, mientras que otro sector de la población aplaudió el duro pronunciamiento del “Brozo”. Pero ¿quién tiene la razón? ¿Los insultos son un abuso a la libertad de expresión? ¿Debe haber sanciones y censura cuando se insulta al presidente? ¿Qué antecedentes hay al respecto?

El contexto de esa frase se da cuando “Brozo”, en el desarrollo del programa, en el minuto 6:40, comienza a analizar, muy a su estilo y con un tinte cómico, la distribución en México de la vacuna de Pfizer contra el Covid-19, cuestionando que dicha distribución estaría descartada para que el sector privado o los gobiernos locales puedan ofrecerla, pues el Subsecretario de Salud, Dr. Hugo López-Gatell, señaló en medios que no habría posibilidad de comercializar la vacuna por ser un esfuerzo del Estado y del Gobierno Federal. En ese tenor, “Brozo” comienza a hacer advertencias al aire, preguntando para quién sería el beneficio de que la vacuna fuera exclusivamente distribuida por el gobierno federal.

“No quisiera yo creer que alguien fuera tan perverso, ruin, e´jijo de la chingada, como para utilizar la vacuna para un fin electoral. Seamos claros, como gobierno la pandemia les quedó grande y muy probablemente la vacuna les va a quedar enorme, en este momento, el más importante para la humanidad de las últimas décadas, no se les vaya a ocurrir jugar con la desesperación de la gente. Acuérdate, Andrés, no eres Dios, no eres el hijo del hombre, eres un pinche presidente que, o nos sirve o no sirve pa´ni madres”.

Y es que la negación de comercializar la vacuna a través del sector privado, así como la oportunidad de que los gobiernos locales sean aliados en la distribución de la vacuna contra el coronavirus se observa como una consecuencia del alto centralismo que este gobierno ha ejercido en la gestión de la crisis sanitaria. Para que se lograra lo anterior primero se le anexó a la Subsecretaría de Salud la dirección de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios, de esa manera sería el mismo Dr. López-Gatell el único responsable de coordinar los esfuerzos de la distribución, y en consecuencia al gobierno federal.

 

Pero el verdadero conflicto se trasladó a problematizar los límites de la libertad de expresión, puesto que las palabras del “Brozo” generaron molestia e indignación de los simpatizantes del presidente de la República. Debemos recordar que esta no es la primera ocasión en la que este cómico y locutor se ha lanzado contra mandatarios, autoridades y políticos de todos colores; en sus programas como El Mañanero criticó fuertemente, incluso con insultos, a exmandatarios del Partido Acción Nacional y del Revolucionario Institucional, y este gobierno no ha sido la excepción. No obstante, sí ha sido en el presente gobierno en que, tanto Víctor Trujillo como Carlos Loret de Mola, quienes dejaron clara su antagonismo ideológico-político con el actual presidente, fueron despedidos de sus respectivos programas, lo que los llevó a reunirse en Estados Unidos y fundar el conocido programa de LatinUS.

Una reflexión que debe ir en paralelo con la discusión sobre la libertad de expresión es que una verdadera democracia debe producir liderazgos políticos capaces de tolerar las críticas e incluso los insultos, pues aunque son una forma de extralimitar el derecho de la libertad de expresión, deben contar con una protección respecto de los actos de autoridad. Víctor Trujillo pudo haber ofendido al presidente, pero eso en ningún momento le da oportunidad al mandatario o a cualquier autoridad de perseguir esa conducta, pues sigue estando en la esfera del derecho a la libertad de expresión. Por otra parte, el segmento de la sociedad ofendida por los insultos al presidente es aquella que ha otorgado al primer mandatario mexicano una legitimidad política preponderante, y parece que este es el indicador determinante.

Piénsese en el sexenio de Enrique Peña Nieto, con ínfimos niveles de aprobación social y acusado por la opinión pública de corrupto de forma permanente; los insultos, memes y criticas eran el pan de cada día durante al menos los últimos dos años de su administración, y quienes ejercían su libertad de expresión lo hacían a sabiendas que 1) tenían derecho a manifestar su inconformidad, incluso con insultos, 2) que era un acto de control del poder, buscando tener incidencia pública, y 3) que el presidente no podría reaccionar de forma violenta por tratarse de un derecho fundamental. Si comparamos el caso anterior con los tiempos actuales, en los que el presidente goza de buena popularidad, niveles de aprobación medianos y una base de militantes y simpatizantes amplia a lo largo de todo el país, podremos advertir que la respuesta a la interrogante debe construirse con una mirada imparcial, pretendidamente objetiva y clara. ¿Acaso solo debía de expresarse la ciudadanía contra Peña Nieto pero no contra López Obrador? ¿Será que la sociedad ha sido capturada en su pensamiento crítico?

Por su parte Claudia Sheinbaum se manifestó públicamente contra “El Brozo”, señalando que a su juicio el pronunciamiento es una falta absoluta de respeto y que, aunque exista molestias, México es de los seis primeros países del mundo que ya tienen vacunas. Asimismo, Sheinbaum manifestó que los insultos transgreden la libertad de expresión. En el mismo sentido lo hicieron diversos personajes cercanos al presidente, mientras que los personajes de oposición buscaron respaldar el posicionamiento de Víctor Trujillo.

Ante tal situación, queda reflexionar si las palabras utilizadas por el “Brozo” en realidad son ofensivas o solo acompañan la firmeza de los pronunciamientos vertidos, puesto que el lenguaje al fin y al cabo es versátil y multiforme; evidentemente hay diversas formas de manifestar una crítica, pero en todo caso dependerá de los estilos y propósitos de cada personaje público que pretenda comunicar una postura. El gran reto de los comunicadores en este tiempo será el de plantear escenarios críticos y planteamientos contundentes a una sociedad que ha perdido poco a poco su capacidad crítica en favor de un proyecto político.

*Consejero Universitario de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UAEM. Representante del CEA de la Asociación Mexicana de Ciencias Políticas en Morelos. Secretario de Asuntos Políticos en el Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública Sección Morelos. Representante de Morelos en el Congreso Nacional Universitario.