Por Antonella Ladino

Cuernavaca, Mor., 3 de noviembre.- A un año de la muerte de Tonatiuh Tlalapango Flores, secuestrado y asesinado en octubre de 2016, sus familiares exigen justicia y reclaman que las autoridades “hicieron poco” para su búsqueda.

Su cuerpo fue localizado, en abril, en una fosa clandestina en el Estado de México y en junio lo sepultaron en el panteón La Paz, en Chipitlán, al sur de Cuernavaca.

Estos días cuando se recuerda a los fieles difuntos, su tumba floreó con los arreglos de cempasúchil que colocaron sus familiares, así como las piezas de pan dulce con su nombre y los platos de mole verde que gustó en vida.

Fabián Tlalapango Carrasco, padre de Tonatiuh, visitó la tumba que guarda los restos de su hijo y mientras retira la basura que dejó, escucha ciertas melodías en una grabadora que recibió de Tona antes de morir.

Quién se anima, dijo mi compadre… cuando me enfiesto, no hay como pararle; la baraja, mis pláticas largas, gente muy fina y buenas amistades…se oye.

Tona tenía 21 años cuando fue secuestrado, estudiaba una ingeniería civil en el Tecnológico de Zacatepec y estaba en proceso de obtener una patente porque diseñó un sistema de tratamiento de aguas residuales. Asimismo se propuso crear la fundación “Consultores Ambientales JR” para ayudar a las comunidades más necesitadas.

En su casa, ubicada en la colonia Antonio Barona, catalogada como de mayor índice delincuencial, colocó una ofrenda y la acompañó con una fotografía, botellas de alcohol, una guitarra, una grabadora y en el piso unas diez macetas de flor de cempasúchil y terciopelo.

Fabián recuerda a su hijo como un hombre amigable y altruista, y espera que la justicia se aplique contra los tres detenidos, dos de ellos extrabajadores del Poder Judicial y el tercero, presuntamente auxiliar en una agencia del Ministerio Público (MP). Los tres están recluidos en el Centro de Reinserción Social (Cereso) ubicado en Atlacholoaya en el municipio de Xochitepec.

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