Por Antonella Ladino

CUERNAVACA, Mor., 7 de septiembre.-  Los rituales forman parte del Patrimonio Cultural Inmaterial pues son culturas vivas, como el caso de “Las ofrendas agrícolas, con chiles” en Olinalá Guerrero, que se deben analizar a través de su historia, dijo Rosa María Garza Marcué,  directora  de Etnología y Antropología Social del INAH.

Una  tradición,  conocida como “Masúchitl”, formada por dos palabras del náhuatl: ma, abreviatura de maitl (mano), y súchitl o xóchitl (flor), “manojo de flores”.

Los masúchiles son estandartes de mano en forma de rama, llegan a medir hasta dos metros de alto. El palo central y las ramas laterales están cubiertos con hojas verdes de zapote y adornados con flor de cempasúchil, pericón y chiles poblanos, intercalados en los arreglos florales.

Esta celebración es de las más importantes,  “la reciprocidad a través de las ofrendas, es  la forma de agradecer ante las deidades y la capacidad de amar y respetar, esta reciprocidad rige relaciones sociales y permite la relación cultural entre comunidades, personas o pueblos”, destacó María Garza.

Esta fiesta se realiza todos los años en Olinalá, durante los primeros días de octubre, en honor a San Francisco, patrón del pueblo,  le cuelgan los collares de flor de cempasúchil en el cuello, de tal manera que sólo se puede ver el rostro.

En la  celebración recorren las principales calles del pueblo en dirección a la iglesia, mientras jóvenes y niños, con máscaras y disfraces, bailan al ritmo de la danza. Durante la noche hay exhibición de juegos pirotécnicos.

Esto en el marco del tercer congreso Internacional sobre Experiencias de la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, con el tema “Cocinas y Cultura  Alimentaria”.

Donde Cesar Hernández Azuara, coordinador Nacional de Antropología del Instituto Nacional de Antropología e Historia, (INAH), expuso usos rituales de la comida  Huasteca Potosina como una expresión de su patrimonio inmaterial e identidad local.

Es importante salvaguardar la práctica con la que se realiza la comida  en cada uno de los ámbitos, como la ofrenda que se realiza al interior de una cueva  en Santa Cruz, San Luis Potosí, donde los integrantes la acompañan con productos como atole, pan, flores y los tamales de dedo o tamales de masa.

Estas ofrendas permanecen ahí dedicadas a la cueva no a la comunidad, y la gente no puede tomarla para su beneficio,  las tradiciones expresan, conocimientos y técnicas ancestrales, añadió, Cesar Hernández.

Foto DMC-Melitón Tapia, INAH.

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