Foto: Máximo Cerdio

Por Leticia Villaseñor

Xochitepec, Mor., 1 de noviembre.- Nancy, María Madalena y Herlinda comparten la juventud, el entusiasmo y el talento artístico. Una escribe, otra pone la coreografía y la tercera se encara de la comedia, pero estos talentos los conocieron y desarrollaron en reclusión, donde pasarán la mayor parte de sus vidas.

Nancy Malpica es una mujer de 30 años, madre de tres hijos, el menor de ellos aún vive con ella en el penal de Atlacholoaya, en el municipio de Xochitepec. La personalidad de Nancy revela a una mujer amable, educada y de sonrisa pronta. Ella es la responsable de escribir los esquetches que “pule” con Herlinda, la responsable de imprimirle un toque cómico a las obras.

Herlinda esconde tras una tímida sonrisa la picardía que vuelca en los libretos o mientras dirige la escena en la pequeña cancha techada del penal femenil.

Al igual que Nancy, es una mujer de 30 años y madre de un niño y una niña. Ambas fueron acusadas y sentenciadas por secuestro. Herlinda pasará 40 años pero Nancy estará el doble de tiempo.

María Madalena Romani Mérida es la menor del trío. Tiene 28 años y también es madre de una pequeña a la que tuvo que dejar con sus suegros porque su propia familia la abandonó cuando fue sentenciada a 13 años de cárcel por el delito de homicidio calificado.

María es quien pone las coreografías y prácticamente cada mes inicia un proyecto de baile moderno con las reclusas, ya sea por el día del amor y la amistad, el día de las madres, navidad, o día de muertos.

Ella es la responsable de idear, además del baile, los atuendos, accesorios y hasta el maquillaje. La actividad la mantiene activa y alejada de la realidad que envuelve a las jóvenes madres, que es su reclusión. María saldrá en cinco años más y ya piensa en iniciar un negocio de coreografías para quinceañeras.

Su mayor orgullo fue preparar este martes un par de bailes modernos con “esqueletos” y “calacas” circenses. Otro grupo más de danza tradicional se fusiona con las “calacas” modernas y sobre el improvisado escenario bailan al unísono unas 25 personas.

Al final de la cancha se ubica la ofrenda dedicada a las víctimas del terremoto del pasado 19 de septiembre. Pequeñas cajas de cartón blancas fueron transformadas de tal forma que evocan pequeños ataúdes, “sabemos que muchas de las víctimas fueron niños, por eso decidimos ponerles su ofrenda”, explica Nancy.

La plática ensombrece el rostro de María Madalena, su cara perfectamente maquillada y libre de cualquier imperfección se contrae y una lágrima asoma sin terminar de rodar. “Me hubiera gustado estar con él en sus últimos momentos”, alcanza a decir y desaparece por unos minutos.

Recupera la sonrisa y explica que el homicidio calificado por el que fue sentencia fue de su propio hijo, luego pronuncia tímida la palabra infanticidio, hace una pausa, mira el suelo de la cancha, inhala profundamente y vuelve a sonreír. No retoma el tema.

Las voy a extrañar cuando me vaya, dice con un dejo de amargura, esta es mi familia, si una llora, lloramos todas, y el trío de aquellas madres jóvenes se hacen estos cariñosos entre sí para darse ánimos.

La cárcel no termina con la vida de nadie, al contrario, aquí descubrí que tenía talento para hacer una coreografía, expresa María Madalena. La secundan Nancy y Herlinda. Allá afuera sólo desperdicié mi talento, admite Nancy.

En este bendito lugar te enseñan a desarrollar tus talentos, a enfocar tu vida, voy a estar aquí otros 35 años pero saldré cuando dios quiera, dice convencida Herlinda.

A lo lejos, una mujer entrada en años observa al trío de mujeres jóvenes quienes no han pasado por el trance de perder a algún ser querido cercano, no así María Luisa Zamora Arellano, quien lleva la mitad de su rostro pintado como la popular “Catrina”. Ella no lleva disfraz ni vestuario como las tres jóvenes, porta su ropa amarilla de reclusa.

Su mirada se desvía constantemente a la ofrenda. Perdí a mis padres y a dos de mis hermanos, estos días los recuerdo mucho aunque hace años que dejé de verlos, revela con tristeza.

María Luisa es la reclusa con mayor tiempo en el penal. Fue sentenciada por secuestro a 40 años, de los cuales lleva 17, el mismo tiempo desde que el Centro de Readaptación Social fue reubicado de la colonia Acapantzingo en Cuernavaca al poblado de Atlacholoaya en Xochitepec.

Es madre de cinco hijos quienes van a visitarla cada fin de semana. Nos quedamos solos, comenta, no ay nadie más… es muy difícil estar aquí pero no hay más, por eso siempre participo en las obras, es de las pocas situaciones que me quitan la tristeza de estar aquí sin razón, mi esposo fue quien cometió el delito y él ya se murió, pero yo sigo aquí pagando sus crímenes.

Al igual que las tres jóvenes madres, María Luisa llegó al penal con cinco meses de embarazo de la menor de sus hijas quien ya cumplió 15 años. Qué lástima que María Madalena no fue liberada antes porque a ella le hubiera pedido que le pusiera el vals y el baile moderno a mi hija, dice sonriente y con gesto de cierto orgullo.

El festival que organizaron reclusas y autoridades penitenciarias llega a su fin, por más de dos horas las mujeres, en su mayoría acusadas de secuestro y homicidio, fueron las protagonistas de las obras, de los bailables, de un pequeño esquetche cómico, como cuando eran niñas, también fueron alentadas por sus compañeras como cuando ellas mismas animan a los pequeños en sus festivales.

Contentas por el resultado, las casi 200 reclusas que tomaron parte del festejo de Día de Muertos regresan a sus celdas. Nancy, María Madalena y Herlinda se alejan mientras hablan bajo, ya discuten entre sí las ideas que tienen para el festejo de navidad.

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